Reseña del libro «Naked Statistics: Stripping the Dread from the Data»

Naked Statistics: Stripping the Dread from the Data, publicado en 2013 por Charles Wheelan, parte de una idea sencilla: para comprender la estadística no es imprescindible comenzar por las fórmulas. Antes de calcular medias, probabilidades o regresiones, conviene entender qué preguntas intentan responder estas herramientas.

El propósito del libro no es formar estadísticos, sino reducir el temor que suele provocar la estadística. Wheelan recurre a historias y ejemplos relacionados con la economía, la medicina, las encuestas, los seguros o el deporte para mostrar cómo los datos intervienen constantemente en nuestras decisiones.

A lo largo de trece capítulos, el libro avanza desde la estadística descriptiva hasta la probabilidad, el muestreo, la inferencia, la regresión y la causalidad. Su argumento central es que una cifra puede ser matemáticamente correcta y, aun así, ofrecer una representación engañosa de la realidad.

Seguir leyendo «Reseña del libro «Naked Statistics: Stripping the Dread from the Data»»

Al-Ghazali y la incertidumbre: ¿podemos confiar en las causas?

En los artículos anteriores hemos visto distintas formas de enfrentarse a la incertidumbre. Sócrates nos enseñó a reconocer nuestra ignorancia, Epicteto a aceptar lo que no controlamos y Sexto Empírico a suspender el juicio cuando faltan razones suficientes.

Al-Ghazali introduce una nueva pregunta, especialmente relevante para la predicción: cuando observamos que dos acontecimientos se repiten juntos, ¿podemos afirmar que uno causa necesariamente el otro?

Seguir leyendo «Al-Ghazali y la incertidumbre: ¿podemos confiar en las causas?»

Sócrates y la incertidumbre: el valor de saber que no sabemos

La incertidumbre no nació con la estadística moderna ni con la teoría de la probabilidad. Mucho antes de medir el azar con números, los seres humanos ya tenían que tomar decisiones, defender ideas y elegir caminos sin disponer de certezas completas. La filosofía nació, en parte, para enfrentarse a preguntas difíciles y universales como estas: qué podemos conocer, cómo debemos actuar y cómo convivir con la incertidumbre.

Con este artículo comenzamos una nueva serie dedicada a explorar cómo distintos filósofos han reflexionado sobre la incertidumbre y qué podemos aprender de ellos para mejorar nuestras predicciones y decisiones. Empezaremos por uno de los más influyentes: Sócrates.

Seguir leyendo «Sócrates y la incertidumbre: el valor de saber que no sabemos»

Machine Learning vs. superforecasters: quién gana depende de la pregunta

Como ya vimos en el post sobre el mapa de métodos de previsión, no todas las predicciones pertenecen a la misma familia. El método adecuado depende mucho del tipo de problema que queremos anticipar: no es lo mismo prever una serie mensual de ventas, estimar el gasto de personal de una organización o asignar una probabilidad a un acontecimiento político.

Por eso resulta útil una distinción propuesta recientemente en el debate sobre ForecastBench: la diferencia entre dataset questions y market questions. Dicho de forma sencilla: hay preguntas que se parecen mucho a un problema de datos y otras que se parecen más a un problema de juicio.

Seguir leyendo «Machine Learning vs. superforecasters: quién gana depende de la pregunta»

Ernst Bloch y la predicción: el “todavía-no” del futuro

Cuando pensamos en predicción, lo habitual es imaginar datos, modelos y probabilidades. Intentos de reducir la incertidumbre para tomar mejores decisiones. Pero hay una cuestión más profunda: ¿de dónde nace realmente esa necesidad de anticipar el futuro?

El filósofo Ernst Bloch ofrece una respuesta sugerente: el ser humano no vive solo en el presente, sino proyectado constantemente hacia lo que aún no existe. Antes de calcular escenarios, ya imaginamos posibilidades. Antes de construir modelos, ya vivimos orientados hacia el futuro.

Seguir leyendo «Ernst Bloch y la predicción: el “todavía-no” del futuro»

El Método Delphi: cuando la predicción cualitativa se vuelve estructurada

En un post anterior clasificábamos los métodos de previsión en dos grandes familias: cuantitativos y cualitativos. Dentro de los cualitativos podemos distinguir aquellos basados en juicio individual (opinión experta, analogías históricas, escenarios narrativos) y aquellos que intentan estructurar el juicio colectivo para reducir sesgos. El método Delphi pertene a esta segunda categoria.

No es predicción basada en datos en sentido estricto porque no parte de series temporales ni modelos matemático pero tampo es simple intuición. Es, probablemente, el intento más sofisticado del siglo XX de convertir el juicio experto en una herramienta sistemática de predicción.

Este método nació además en un contexto donde equivocarse podía significar una guerra nuclear.

Seguir leyendo «El Método Delphi: cuando la predicción cualitativa se vuelve estructurada»

Predicción cuantitativa analítica: cuándo usarla y cómo elegir modelo

En el post anterior vimos que la predicción no siempre empieza con datos y modelos: a veces lo más razonable es recurrir a estrategias cualitativas. Pero cuando el fenómeno es lo bastante estable, repetible y medible, la predicción cuantitativa ofrece algo muy valioso: un lenguaje común para comparar, evaluar y mejorar.

Ahora bien, dentro de la predicción cuantitativa conviene hacer una distinción fundamental porque no todos los modelos numéricos funcionan igual.

  • Algunos resuelven una estructura matemática estimada a partir de los datos y producen una predicción directa.
  • Otros, en cambio, recrean el sistema múltiples veces mediante simulación, generando dinámicas posibles y distribuciones emergentes.

Este post se centra en la primera familia: la predicción cuantitativa analítica.

Seguir leyendo «Predicción cuantitativa analítica: cuándo usarla y cómo elegir modelo»

Reseña del libro «Máquinas Predictivas: La economía simple de la Inteligencia Artificial»

Introducción

Prediction Machines: The Simple Economics of Artificial Intelligence, publicado en 2018 por Ajay Agrawal, Joshua Gans y Avi Goldfarb, parte de una idea tan simple como potente: el principal impacto de la inteligencia artificial no es que las máquinas “piensen”, sino que reducen drásticamente el coste de la predicción. Y dado que toda decisión incorpora algún tipo de predicción, este abaratamiento tiene consecuencias económicas de gran alcance.

El libro se publicó cuatro años antes del lanzamiento de ChatGPT, anticipándose al auge masivo de la IA generativa y al debate actual sobre su impacto. En un momento en el que la IA aún se percibía como una tecnología especializada, los autores ya señalaban que el verdadero cambio no vendría de aplicaciones llamativas, sino de la incorporación silenciosa de la predicción barata en millones de decisiones cotidianas.

Desde una perspectiva económica y pragmática, la IA se presenta como una continuación de avances previos —como las hojas de cálculo o los sistemas de optimización— que transformaron la toma de decisiones al reducir costes. La diferencia ahora es la escala: pequeñas mejoras en precisión, aplicadas de forma sistemática, generan un valor enorme.

A lo largo del libro, esta tesis se desarrolla en tres grandes bloques: qué es la predicción desde el punto de vista económico, cómo su abaratamiento transforma decisiones y organizaciones, y qué implicaciones estratégicas se derivan de un mundo donde predecir es cada vez más barato, pero el juicio humano sigue siendo escaso y valioso.

Seguir leyendo «Reseña del libro «Máquinas Predictivas: La economía simple de la Inteligencia Artificial»»

La tasa base: el punto de partida de toda predicción sensata

Cuando intentamos predecir algo —el precio de la vivienda, la inflación, la probabilidad de aprobar unos presupuestos o incluso el absentismo laboral— solemos empezar por las historias: explicaciones plausibles, datos recientes, señales llamativas. El problema es que, muy a menudo, empezamos por el lugar equivocado.

Antes de añadir matices, escenarios o modelos sofisticados, hay una pregunta más simple y más incómoda que deberíamos hacernos siempre:

¿Qué suele pasar, de media, cuando no sabemos nada más?

Esa respuesta es lo que llamamos tasa base.

¿Qué es exactamente una tasa base?

La tasa base es la frecuencia histórica con la que ocurre un evento en una población o contexto comparable. No explica por qué ocurre algo, solo con qué frecuencia ocurre normalmente.

Ejemplos sencillos:

  • ¿Qué porcentaje de proyectos públicos se retrasa?
  • ¿Cuántos años, de media, la inflación supera el 3 %?
  • ¿Con qué frecuencia se prorrogan los presupuestos en sistemas parlamentarios fragmentados?

La tasa base no pretende ser brillante. Pretende ser estable y ahí está su fuerza.

Seguir leyendo «La tasa base: el punto de partida de toda predicción sensata»

Por qué sobreestimamos los tiburones y subestimamos los cocos: el poder del sesgo de disponibilidad

Continuamos con esta serie de post donde exploramos las ideas clave del libro Pensar rápido, pensar despacio de Daniel Kahneman —una obra fundamental para entender cómo pensamos, decidimos… y, por extensión, cómo predecimos— y hoy hablaremos de uno de los sesgos más sutiles, pero también más poderosos: el sesgo de disponibilidad.

¿Qué es el sesgo de disponibilidad?

El sesgo de disponibilidad es la tendencia que tenemos a juzgar la probabilidad o frecuencia de un evento según la facilidad con la que recordamos ejemplos de él. En otras palabras: cuanto más fácilmente recordamos algo, más probable nos parece que sea.

No estimamos con datos, sino con nuestros recuerdos y éstos —como bien explica Kahneman— no son un registro fiel del mundo, sino un archivo sesgado por la emoción, la atención y los medios.

Un ejemplo clásico del libro

Kahneman y Tversky realizaron un experimento muy revelador: preguntaron a un grupo de personas si, en inglés, hay más palabras que empiecen por la letra K o más palabras que tengan la K como tercera letra.

La mayoría respondió que hay más palabras que empiezan por K, porque es más fácil recordar ejemplos como kite o king que pensar en palabras con K en la tercera posición (make, bake…). Sin embargo, la respuesta correcta era la contraria: hay más palabras con “K” en la tercera posición (¡3 veces más!).

El problema no es la falta de inteligencia, sino el mecanismo del Sistema 1, el pensamiento rápido e intuitivo: confunde “lo fácil de recordar” con “lo frecuente en el mundo”.

Seguir leyendo «Por qué sobreestimamos los tiburones y subestimamos los cocos: el poder del sesgo de disponibilidad»