Cuando intentamos predecir algo —el precio de la vivienda, la inflación, la probabilidad de aprobar unos presupuestos o incluso el absentismo laboral— solemos empezar por las historias: explicaciones plausibles, datos recientes, señales llamativas. El problema es que, muy a menudo, empezamos por el lugar equivocado.
Antes de añadir matices, escenarios o modelos sofisticados, hay una pregunta más simple y más incómoda que deberíamos hacernos siempre:
¿Qué suele pasar, de media, cuando no sabemos nada más?
Esa respuesta es lo que llamamos tasa base.
¿Qué es exactamente una tasa base?
La tasa base es la frecuencia histórica con la que ocurre un evento en una población o contexto comparable. No explica por qué ocurre algo, solo con qué frecuencia ocurre normalmente.
Ejemplos sencillos:
- ¿Qué porcentaje de proyectos públicos se retrasa?
- ¿Cuántos años, de media, la inflación supera el 3 %?
- ¿Con qué frecuencia se prorrogan los presupuestos en sistemas parlamentarios fragmentados?
La tasa base no pretende ser brillante. Pretende ser estable y ahí está su fuerza.
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