En los artículos anteriores vimos cómo Sócrates convirtió el reconocimiento de la ignorancia en el punto de partida del conocimiento y cómo Epicteto enseñó a distinguir entre aquello que depende de nosotros y aquello que escapa a nuestro control. Sexto Empírico propone una tercera forma de relacionarnos con la incertidumbre: no apresurarnos a elegir una respuesta cuando las razones disponibles no permiten hacerlo.
Su propuesta puede parecer incómoda en una época en la que se espera que tengamos una opinión inmediata sobre casi todo. Sin embargo, el escepticismo de Sexto no consiste en negar la verdad ni en desconfiar sistemáticamente de cualquier conocimiento. Consiste en investigar, comparar argumentos y aprender a suspender el juicio cuando ninguno resulta claramente superior.
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