En los artículos anteriores hemos visto distintas maneras de enfrentarse a la incertidumbre. Sócrates nos enseñó a reconocer nuestra ignorancia, Epicteto a aceptar lo que no controlamos, Sexto Empírico a suspender el juicio y Al-Ghazali a desconfiar de las conexiones causales que creemos observar.
Santo Tomás de Aquino aporta otra respuesta: no todo lo que creemos se sostiene con el mismo grado de certeza. Algunas afirmaciones pueden demostrarse, otras solo resultan probables y otras quedan fuera del alcance de la razón humana. Gestionar la incertidumbre consiste, en buena medida, en aprender a distinguirlas.
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