Sexto Empírico y la incertidumbre: el valor de suspender el juicio

En los artículos anteriores vimos cómo Sócrates convirtió el reconocimiento de la ignorancia en el punto de partida del conocimiento y cómo Epicteto enseñó a distinguir entre aquello que depende de nosotros y aquello que escapa a nuestro control. Sexto Empírico propone una tercera forma de relacionarnos con la incertidumbre: no apresurarnos a elegir una respuesta cuando las razones disponibles no permiten hacerlo.

Su propuesta puede parecer incómoda en una época en la que se espera que tengamos una opinión inmediata sobre casi todo. Sin embargo, el escepticismo de Sexto no consiste en negar la verdad ni en desconfiar sistemáticamente de cualquier conocimiento. Consiste en investigar, comparar argumentos y aprender a suspender el juicio cuando ninguno resulta claramente superior.

El escepticismo de Sexto Empírico

Sexto Empírico fue un filósofo y médico que vivió probablemente entre los siglos II y III. Aunque sabemos muy poco sobre su vida, sus obras constituyen la principal fuente conservada sobre el escepticismo pirrónico, una tradición inspirada en el filósofo griego Pirrón.

Los filósofos dogmáticos afirmaban haber encontrado respuestas verdaderas sobre la realidad, la moral o el conocimiento. Sexto, en cambio, observaba que frente a muchas de esas afirmaciones podía construirse otra explicación aparentemente igual de convincente.

Una misma cosa puede parecer diferente según la persona, el momento o las circunstancias. Algo puede resultar agradable para unos y desagradable para otros; una explicación puede parecer sólida desde una perspectiva y cuestionable desde otra. Ante esta diversidad, Sexto se preguntaba con qué fundamento elegimos una interpretación como la verdadera.

Cuando dos argumentos opuestos parecen tener una fuerza similar, se produce lo que los escépticos llamaban equipolencia. En ese momento, la respuesta más prudente no es escoger arbitrariamente uno de ellos, sino suspender el juicio.

Suspender el juicio sin dejar de actuar

La suspensión del juicio, o epoché, no significa afirmar que nada puede conocerse. Esa conclusión también sería una doctrina demasiado segura. El escéptico se limita a reconocer que, en una cuestión concreta, no dispone de razones suficientes para afirmar ni negar algo.

Sexto tampoco propone quedarse paralizado. Podemos actuar guiándonos por lo que percibimos, nuestras necesidades, la experiencia, las costumbres y los conocimientos prácticos. Si tenemos hambre, comemos; si algo parece peligroso, nos alejamos; si un tratamiento produce buenos resultados, podemos utilizarlo. Lo que evitamos es convertir esas experiencias en afirmaciones absolutas sobre la naturaleza última de las cosas.

Su objetivo era alcanzar la ataraxia, una forma de tranquilidad intelectual. Buena parte de nuestra inquietud nace de la necesidad de encontrar respuestas definitivas y defenderlas frente a los demás. Al suspender el juicio cuando la evidencia no permite decidir, dejamos de luchar por certezas que quizá no podemos alcanzar.

La incertidumbre deja entonces de ser una deficiencia que debemos ocultar. Se convierte en una situación que podemos reconocer sin necesidad de llenarla inmediatamente con una opinión.

¿Qué diría un bayesiano?

Sexto Empírico y el pensamiento bayesiano comparten una advertencia contra las certezas excesivas. Ambos reconocen que nuestras creencias dependen de la información disponible y que no deberíamos sostenerlas con más confianza de la que permite la evidencia.

La diferencia está en la forma de responder. Ante información incompleta, un bayesiano intenta asignar distintos grados de probabilidad. Puede considerar que una explicación es más plausible que otra, aunque ninguna sea completamente segura, y actualizar esa valoración cuando aparecen nuevos datos.

Sexto es más prudente. Cuando los argumentos parecen equilibrados, prefiere no comprometerse con ninguna conclusión. Mientras el bayesiano pregunta «¿qué grado de confianza debería asignar a cada hipótesis?», el escéptico pregunta antes «¿tenemos realmente razones suficientes para inclinarnos por alguna?».

Esta diferencia también tiene consecuencias prácticas. El bayesianismo está orientado hacia la decisión: aunque tengamos dudas, muchas veces debemos elegir y actuar. Sexto se ocupa especialmente de evitar el dogmatismo y la precipitación intelectual. Su suspensión del juicio resulta más apropiada cuando no existe una decisión urgente o cuando fingir precisión puede ser más perjudicial que reconocer la ignorancia.

Ambos enfoques pueden complementarse. Podemos utilizar probabilidades cuando existen datos y modelos razonables, pero conservar la disposición escéptica a reconocer que algunas cuestiones no permiten todavía una estimación fiable. No toda incertidumbre tiene que convertirse inmediatamente en un número.

Conclusión

Sexto Empírico nos recuerda que pensar bien no siempre consiste en encontrar una respuesta. A veces consiste en reconocer que los argumentos disponibles no permiten decidir y resistir la tentación de llenar ese vacío con una certeza artificial.

El pensamiento bayesiano nos ofrece una forma de graduar y actualizar nuestras creencias. El escepticismo pirrónico introduce una cautela previa: antes de asignar probabilidades, debemos preguntarnos si contamos con información suficiente y si nuestras hipótesis están realmente justificadas.

Si Sócrates nos enseñó a reconocer que no sabemos, Sexto Empírico añade que no siempre debemos apresurarnos a resolver esa ignorancia. En un mundo saturado de opiniones firmes y respuestas instantáneas, suspender el juicio puede ser una de las formas más honestas de gestionar la incertidumbre.

2 comentarios en “Sexto Empírico y la incertidumbre: el valor de suspender el juicio”

  1. Muy interesante. Podríamos también argumentar que Sexto Empirico fue un bayesiano «avant la lettre», ya que si bien es cierto que frena su actividad intelectual ante la imposibilidad de encontrar una respuesta, cierto es que no se queda ahí, y que cuando tiene argumentos suficientes si formula un planteamiento definitivo. es decir la prudencia le exige tener más argumentos, y por tanto también gradúa y actualiza sus creencias, advierte por tanto contra las certezas excesivas y prematuras.

    Es solo una reflexión que bien podria ser equivocada, pero que me gustaria que contestarás.

    Gracias.

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    1. Muchas gracias por la reflexión! Creo que tienes razón en que la actitud de Sexto Empírico se aproxima mucho al espíritu bayesiano: ambos advierten contra las certezas excesivas y prematuras, y exigen que la confianza en una creencia sea proporcional a los argumentos disponibles.

      En mi opinión, la diferencia estaría en cómo responden cuando la evidencia es insuficiente. Sexto Empírico reconoce que los argumentos son demasiado débiles o están demasiado equilibrados y opta por suspender el juicio. Sin embargo, no cuantifica hasta qué punto una posición es más plausible que otra. El enfoque bayesiano sí intenta hacerlo: parte de una probabilidad previa y la actualiza con la nueva evidencia. Cuando esta es débil, la probabilidad posterior apenas se aleja de la inicial, pero sigue expresando de forma explícita nuestro grado de incertidumbre.

      Esto es importante porque no siempre podemos aplazar una decisión. Sexto nos enseña a no fingir una seguridad que no tenemos; el bayesianismo añade una herramienta para actuar incluso con información incompleta, manteniendo una confianza baja y revisable. Podríamos decir que ambos comparten la misma prudencia intelectual, pero Bayes permite convertirla en una estimación útil para decidir.

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